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Reina Bohemia, Ricardo Soulé y El Reloj en el Teatro Gran Rivadavía (17/06/2017)


Reina Bohemia

Antes de los actos principales, Reina Bohemia se subió a las tablas para darle el puntapié inicial a una larga noche de música en vivo. Hard rock clásico con momentos bluseros y voz femenina al frente marcarían el tono para el resto de su actuación. Apenas se abrió el telón, el arranque con “Rock and roll” de Led Zeppelin se metió desde el comienzo a la concurrencia en el bolsillo.

Voces trabajadas, logrados solos de guitarra y matices con teclados son las características del material propio con el que grupo salió a matar, sumado a un baterista que arengaba a la gente. En respuesta, se llevaron los aplausos y ovaciones más calurosos que haya visto para un telonero o acto de apertura en años. Canciones más arrastradas de influencias claramente bluseras con piano, algunas más solemnes con aires casi sinfónicos y otras más duras y aceleradas con las seis cuerdas como protagonistas, sonaron mientras el teatro se llenaba lentamente.

Más allá de las innegables virtudes de Reina Bohemia, felicito a la producción del evento por haberles concedido un sonido excelente y un juego de luces que acompañaron su música como si fueran el acto principal. Esto permitió que la gente que se iba acomodando en sus butacas no sólo pasara un buen momento esperando el plato fuerte de la noche, sino que también conociera una banda que promete. Y no es una actitud que suela verse seguido, pero los gestos de aprobación entre el público demostraron lo acertado de la decisión. Tras el show, una simpática rubia iba y venía entre las filas de asientos vendiendo el CD de la banda. Unos cuántos curiosos se llevaron sus copias del álbum a casa.

Ricardo Soulé y la Bestia Emplumada

Algo extraño sucedió con la actuación del ex Vox Dei. El show fue promocionado con la idea de que el clásico “La Biblia” fuera interpretado en su totalidad junto a la Kashmir Orquesta. Sin embargo, sólo sonó una de las canciones del famoso LP (“Génesis”), y fue en formato eléctrico. Ya sea por un error de marketing, o alguna falencia técnica, mucha gente se quedó con ganas de escuchar el álbum en formato sinfónico.

Ahora centrémonos en lo que si sucedió sobre las tablas. Junto a su banda La Bestia Emplumada que lo acompaña hace más de una década, Ricardo Soulé comenzó su set compuesto por canciones de Rock potente, con distorsión, ancladas en medios tiempos muy efectivos.

Vestido casi como un director de orquesta, pero con guitarra eléctrica, dio cátedra con su voz grave, que también es capaz de llegar a notas altas más que interesantes. También mostró su habilidad en las seis cuerdas con solos reminiscentes de Ritchie Blackmore.

El show comenzó con una recepción un tanto fría por parte de la concurrencia, desconcertada por las expectativas de un repertorio distinto. Sin embargo, el buen hacer de Ricardo y los suyos se fue ganando la aprobación del “respetable” con el correr de los temas. De su trabajo “Vulgata”, la canción “Eliseo” fue de las mejores recibidas con sus aires funk y su solo de guitarra final. Una versión rockerísima de “Génesis”, con el escenario bañado en luces rojas, terminaría de levantar al público en la mayor ovación de la noche. El clásico de Vox Dei marcaría el final de la primera parte del show.

Ya con la orquesta sobre el escenario, el telón se abrió una vez más y Soulé cambiaría la guitarra por el violín para el resto del set. Se lo vio muy feliz de dar un recital de éstas características, acompañándose de su instrumento en todo momento, como queriendo ser uno más de la orquesta a sus espaldas.

Muchos de los mejores momentos se vivieron en ésta segunda mitad, con arreglos muy logrados por parte de la Kashmir Sinfónica. El líder de la Bestia Emplumada demostró también su habilidad con el violín en varios solos en éste segmento. Otros puntos altos fueron las hermosas baladas “canción para una mujer” y “prométeme que nunca me dirás adiós”, embellecidas por el agregado de las cuerdas. “Presente” sería el cierre casi obligado del repertorio, en una versión atípica por los matices de los instrumentos clásicos.

En el hall del teatro, donde se vendían los cd’s del músico. Muchos de los que se acercaron preguntaron ansiosos si estas versiones sinfónicas de sus temas se encontraban en algún disco en vivo o de estudio, la negativa decepcionó a unos cuantos... Quizá éste podría ser el siguiente paso a seguir por éste prócer de nuestra música.

Se pudrió todo en: “Génesis”

Estribillo más coreado: “Canción para una mujer”

Me quedaron debiendo: “Jeremías pies de plomo”

El Reloj

La espera se hizo un poco larga y la ansiedad era palpable en el aire. Las cerca de mil almas que se congregaron en el Gran Rivadavia estaban expectantes por ver uno de los nombres fuertes de la escena progresiva local de los años ‘70.

Con un sonido nítido y demoledor desde el minuto cero, ésta nueva encarnación de El Reloj salió a conquistar a propios y ajenos. La reunión de dos de su miembros fundadores, el bajista y vocalista Eduardo Frezza (que a su edad mantiene su voz intacta, aguda y un tanto nasal que de a ratos recuerda al Glenn Hughes actual) y el guitarrista Osvaldo Zabala, guardián del legado del grupo (quién robó aplausos en varios de sus solos), añadieron una cuota extra de emoción al show.

Canciones intrincadas pero poderosas, con largos momentos instrumentales, toques de blues e influencias de Purple (todo montado sobre bases de doble bombo), fueron la constante del espectáculo que se vivió desde las butacas.

Un párrafo aparte merecen los nuevos engranajes de éste Reloj versión 2017. Por un lado tenemos a Richard Arena en las teclas, baluarte de la escena under del Oeste, que supo lucirse no sólo en demostraciones individuales, sino también en los arreglos y matices que refuerzan las composiciones. Capaz de lograr unos agudos poderosos, su voz fue el contrapunto ideal para Frezza. Estar en el lugar del fallecido “Locomotora” Espósito no es para cualquiera, pero es una tarea que Junior Sic cumplió con creces. Baterista muy técnico, de claras influencias metaleras, aporreó su instrumento sin piedad, dándole gran empuje al repertorio elegido.

Un público entregado, que de a ratos se hacía oír al grito de “viva El Reloj” o “Zavala eterno”, disfrutó de un set que centró su mirada en el LP debut de 1975. Así fueron pasando gemas como la veloz “Vuelve el día a reinar” o la compleja “Más fuerte que el hombre”. “Hijo del Sol y de la Tierra” con un largo (y ovacionado) solo de Zabala sirvió de cierre a éste primer bloque del recital.

Ya con la orquesta nuevamente sobre el escenario, arremetieron con “El viejo serafín”, joya de la música progresiva nacional, elevada a la enésima potencia con el aditivo de la Kashmir Sinfónica. Con éste formato fueron pasando varias canciones más para el éxtasis de la gente. “El mandato”, tema veloz y “purpleano” a más no poder, fue otro de los momentos cumbre en un show repleto de puntos altos. Y fue también la despedida de los músicos de la orquesta que se retiraron entre aplausos por su actuación tanto como con Soulé como con el Reloj.

La banda volvió a quedarse sola sobre las tablas, para sus dos himnos más emblemáticas, la clásica “Alguien más en quién confiar” y la bella “Blues del atardecer”. Esperamos ver más seguido a ésta nueva/vieja formación de El Reloj, de lo más potente que haya tenido oportunidad de ver en los últimos años. Quizá el siguiente paso de la banda sea registrar algo en vivo, para eternizar éste gran momento que el grupo está pasando a nivel sonido, pero sobre todo por la química de sus integrantes a la hora del vivo.

Se pudrió todo en: “Rl mandato” (¡encima con orquesta!)

Estribillo más coreado: “Blues del atardecer”

Me quedaron debiendo: “Aquel triángulo”


 
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