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Héroes del Rock Nacional: Reina Bohemia, Alejandro Medina, El Reloj, Willy Quiroga (Vox Dei) - Teatr

La noche que se llevó a cabo la segunda fecha del ciclo “Héroes del Rock Nacional”, fue particularmente fría, para tratarse de diciembre. Esto no evitó que una nutrida concurrencia se acercara al Teatro Gran Rivadavia (que va camino a convertirse en un nuevo “templo” del Rock) a disfrutar de tres grandes exponentes de nuestra música de la década de los ‘70.

REINA BOHEMIA

Reina Bohemia fue la banda encargada de abrir la noche con su propuesta de hard rock clásico, con teclados y voz femenina al frente. Con un buen sonido que los acompañó desde el principio, amenizaron la velada mientras la gente iba ocupando de a poco sus butacas. Tocaron canciones de su disco “Luchando hasta el final” y adelantos del álbum que planean publicar este 2018, como la épica “Te encontraré”, que va ganando cada vez más chapa de clásico, como lo demostraron los aplausos que la recibieron. El cierre fue el tándem “De pie” (que por esos días había estrenado video clip oficial) y “Claridad”.

ALEJANDRO MEDINA

Alejandro Medina no anduvo con vueltas, y empuñando su bajo, salió a por todos con “Jugo de tomate”, el clásico de Manal que abre el primer disco de esa maquinaria blusera que supo integrar a fines de los ‘60. Armado con un grupo en el que se destacan dos grandes violeros (que se repartirían los solos), el ex Manal comenzó a desgranar su lista elegida para este concierto. “Ámame o déjame” fue la siguiente en sonar, un clásico de su repertorio en solitario donde el guitarrista Gustavo Pegazo Álvarez dio cátedra con su solo. El mítico músico arrancó su set un tanto disfónico y pidió disculpas por ello, pero poco a poco su voz retornó a su nivel habitual. Los discos solistas del bajista han sido injustamente infravalorados, pese a que hay gran variedad y calidad en ellos: rock, blues, algo de folk e incluso jazz. Sin embargo, para esta ocasión eligió el material más potente y rockero de su carrera solista, y pese a que parte del público no conocía varios de estos temas, fueron aplaudidos con mucho entusiasmo (más de uno seguro buscaría estas canciones en Youtube más tarde). También hubo espacio para bajar decibeles con la balada “Te amo”, en la que el público sumó sus voces. De su paso por la Pesada del Rock and Roll (por donde desfiló gran parte de la élite del rock argentino de la época), Alejandro nos dejó dos perlas que llevan su firma: la emocionante “La maldita máquina de matar” con un solo incendiario del violero Juan Cavalli, y “Tontos”, con Lola Medina en coros. Ambas fueron momentos cumbres del paso de Alejandro sobre las tablas. El cierre a todo vapor estuvo a cargo de “Vamos a buscar la luz”, de aquel único disco de Aeroblus, power trío que integró junto a Pappo y el enorme baterista brasileño Rolando Castello Junior. Un show corto pero contundente, en el que Medina repasó su extensa carrera, los grupos de los que fue parte y las grandes canciones que conforman este legado al que tanto aportó, el Rock Nacional. ·

Se pudrió todo en: “Vamos a buscar la luz” (nunca falla) ·

Estribillo más coreado: “Tontos” ·

Me quedaron debiendo: “Avenida Rivadavia”

EL RELOJ

Una vez que los engranajes de El Reloj se pusieron en marcha, el tiempo pareció detenerse: la banda comandada por Osvaldo Zabala en guitarra y Eduardo Frezza en bajo y voz la ROMPIÓ, así, con mayúsculas. Con un sonido nítido y potente (por momentos quizá demasiado alto), el cuarteto que completan Junior Sic en batería y Richard Arena en teclados y coros, dio rienda suelta a su arsenal de Rock Progresivo poderoso e intrincado a partes iguales. “El viejo serafín”, con su climática introducción de teclados y múltiples cambios de ritmo, fue la elegida como punto de partida para su set: una canción bombástica de más de siete minutos de duración, que lejos de aburrir por su extensión, robó aplausos entre sus seguidores y aquellos que los escuchaban por primera vez. La banda centró su set-list en sus primeros sencillos y en el LP debut de 1975, donde Frezza demostró un estado vocal impecable, pese a lo exigente del material. Me atrevo a decir que gracias a la madurez que le han dado los años, algunas de estas composiciones las canta aún mejor que en aquel primer disco grabado hace ya más de cuarenta años. Ese boogie veloz y pasado de rosca llamado “Haciendo blues y jazz”, fue uno de los varios puntos altos del show, donde Zabala se lució a las seis cuerdas con un extenso solo. Un colchón de órgano Hammond sirvió de fondo para una bella introducción del guitarrista a la oscura “La ciudad desconocida”, dedicada al fallecido Willy Gardi, miembro fundador de El Reloj. Un momento emotivo sin dudas, en el que se vio a Frezza un tanto emocionado. Hasta acá el único punto negativo fue el casi nulo volúmen en el bombo de la batería, teniendo en cuenta que el doble bombo es una de las príncipales características del grupo, esto fue casi un crímen, pero la performance de Sic pudo más que este incoveniente técnico. Casi llegando al final de la actuación, Maximiliano Zabala, hijo de Osvaldo, subió como invitado para aporrear los parches en dos temas; uno de ellos fue “El mandato”, la primer grabación del grupo y un clásico inoxidable. Ya con Junior nuevamente trás los parches, el cuarteto se despidió con sus dos mayores himnos, “Alguien más en quien confiar” y “Blues del atardecer”, con el público coreando el estribillo. Una vez terminado el show, los músicos, visiblemente felíces, salieron frente al telón a saludar a la gente, estrechar manos y hasta firmar vinilos. En definitiva, un grupo que suena muy compacto y afianzado en su repertorio y que le hace honor a su leyenda. El Reloj le había dejado el escenario en llamas a Willy Quiroga... ·

Se pudrió todo en: “Haciendo blues y jazz”

Estribillo más coreado: “Blues del atardecer” ·

Me quedaron debiendo: Nada, fue perfecto.

WILLY QUIROGA (VOX DEI)

Como dijimos, el grupo anterior había dejado la vara altísima, pero Willy Quiroga estuvo a la altura del desafío y más. Acompañado por su eterno escudero, Carlos Gardellini en guitarra y voces, y su hijo Simón Quiroga en batería y coros, comenzó el show que sería el broche de oro de este festival con su canción más reciente hasta la fecha, “Soltando lastre”. Si bien es toda una declaración de principios comenzar un set de esta forma, dándole valor al presente del trío, aún no se ha ganado la chapa de clásico y tuvo un recibimiento un tanto frío por parte del público. El cantante y bajista comenzó algo deslucido en la parte vocal; el frío de la noche y el que se sentía sobre el escenario había mermado la garganta de Willy, así como le había pasado a Medina en su parte de la velada. Lo cierto es que, al igual que el ex Manal, supo recuperarse y volver al nível altísimo al que nos tiene acostumbrado. Siguió la potenta y oscura “Loco, hacela callar”, en la que el líder comenzó a recuperar fuelle rápidamente. “Si vas por bien”, un tema originalmente cantado por el fallecido baterista Rubén “el Pulpo” Basoalto, esta vez en voz de Gardellini, emocionó a los fans más acérrimos de Vox Dei. El power trío se convirtió en quinteto con el aporte de dos músicos invitados que subieron al escenario: un segundo guitarrista que alternaría entre eléctrica y acústica y un tecladista. Estos músicos ya se volvieron habituales en los shows grandes del grupo, y le agregaron nuevos matices y colores al repertorio. Así también pasó la épica “El camino”, de su hasta ahora último trabajo de estudio. “Génesis”, puntapié inicial de esa gloria en forma de disco que es “La Biblia”, nos iría acercando al final de la noche: un tema épico donde Willy lució sus agudos y Gardellini se llevó una ovación durante su largo solo. Le siguieron otras dos tracks del mítico LP, “Profecías” y “Libros Sapienciales”. Esta última, fue de las más coreadas. Sin embargo, aún faltaba la frutilla del postre. Para los bises se sumaron dos invitados de lujo a las seis cuerdas: el Tano Marciello y Chizzo, ambos aplaudidos a rabiar por los espectadores. Así, sonó “Juntando semillas en el suelo”, donde los tres guitarristas intercambiaron solos muy inspirados. El final fue de la mano de “Azúcar amargo”, el tema que dio inicio a medio siglo de carrera para el legendario vocalista y bajista (fue el primer sencillo de Vox Dei, compuesto por Willy, editado en 1967). Esta vez, con Chizzo en los coros (y nuevamente con sendos solos por parte de los tres violeros), terminó esta segunda edición del ciclo “Héroes del Rock Nacional”. Si bien el teatro no estuvo lleno, hubo buena convocatoria, y a la salida todo era sonrisas y comentarios más que positivos entre personas de todas las edades, que compartieron más de tres horas de historia del Rock argentino. Ver en una misma noche a estos monstruos sagrados de la música fue un sueño hecho realidad para muchos (quien escribe incluido). Esperemos que no haya que esperar demasiado para ver más espectáculos de este calibre sobre las tablas. ·

Se pudrió todo en: “Génesis” ·

Estribillo más coreado: “Libros sapienciales” (vi algunas lágrimas entre el público) ·

Me quedaron debiendo: “Este es el preciso instante”


 
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