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San Telmo se llenó de Blues: Tras La Mula explotó Mala Vida Bar (27/04/2018)

El legendario guitarrista de heavy metal, Yngwie Malmsteen dijo alguna vez “el blues es aburrido”. No vamos a pegarle al sueco, pero Tras La Mula dejó en claro que no es así. Más bien, todo lo contrario.

Antes de las 11 de la noche ya estaba todo preparado: los instrumentos estaban sobre el escenario, el público acomodado (donde se podía) expectante, y las luces apuntaban a un solo lugar.

7 minutos pasaron de las 11. En ese instante empezó el show con las palabras de Leandro Mancebo: “Buenas noches a todos gracias por venir. Veo muchas caras conocidas y algunas desconocidas. Eso está bueno” Así, sonaba el blues potente que caracteriza a TLM. ¿El contexto? Un Mala Vida lleno: mesas repletas, gente entre las sillas, contra las paredes, sobre la barra, en las escaleras. Completo. Todo venía muy bien y mejoró, aún más, cuando empezó a sonar el slide de “Quilmes”.

La gente no hablaba, solo movía la cabeza mirando al escenario mientras sonaba “Viejo Vaquero”, uno de los temas que mejor define el sonido de la banda. Nos atraparon en su gran blues (de ese que te obliga a prenderte en el ritmo) y un escenario de rock en el que podíamos ver a Tomas Tognola agachado al mejor estilo Robert Trujillo (siempre entre risas)

.

Y si decimos rock hay que decir Rolling Stones, porque llegó “Honky Tonk Woman” y la gente se empezó a mover de sus asientos (incluso varios comenzaron a bailar).

“¿Se escucha bien? ¿Están tomando bien? ¿Están comiendo bien?” dijo Leandro, previo al agradecimiento por la atención y la presencia del público.

Siguieron pasando los temas (entre solos, risas y algunas rotaciones de instrumentos) hasta que presentaron a un verdadero Señor del Blues: Rafa Nasta.

Habíamos visto cambiar a Martin su guitarra por una Strato (similar a la de Stevie Ray

Vahugan), algo que, obviamente, no era solo un detalle, sino una referencia a las influencias de la banda. Algo que quedó más claro aún, cuando empezó a sonar “The Sky is Crying”, del gran Vaughan. El solo de Rafa tuvo su buena parte dentro de la canción, tal fue así que, cuando retomaron la melodía (y Leandro volvió a entrar al tema), el público lo aclamaba sin parar. Rafa Nasta se fue en una lluvia de ovaciones. Acto seguido, Mariana Bruli se subió al escenario y tocaron “Blues del Camionero”, donde, además de incorporar una voz suave, también pudimos escuchar como Juan se lució con un solo lleno de feeling.

“Son una bocha” dijo Leandro y agradeció a todos: a las bandas amigas, a la familia, amigos, a los chicos de Falsos Profetas y nuevamente al lugar.

Tocaron un tema más e hicieron un break de unos minutos para volver vestidos de señores unplugged: cajón peruano, dos acústicas y un bajo, también acústico.

Mientras la gente los aplaudía, se escuchó a Leandro hacer una referencia de Los Simpson "Están diciendo buuu o están diciendo Burns?”.

Luego empezó a sonar “Blues para mi guitarra” de Pappo (ya con una bandera de Tras La Mula al frente del escenario), seguido de una interpretación de “The Thrill is Gone” del señor BB King más otra reversión del clásico de Willie Dixon.

“Último… MENTIRA, últimos 10. Mississippi te pedimos disculpas” , dando paso a una potente versión de “Café Madrid”. El público cantó y bailó sin parar.

Después volvieron al formato eléctrico y siguieron haciendo temas, inclusive subió Javier Campano, saxofonista de Maldita Suerte, quien le dio un condimento extra al blues de TLM que lleva el ritmo de Damian Buenard impregnado.

Mala Vida ya era, a estas alturas, 100% blues.

Por último llegó el bis, dónde llamaron al último invitado. “Un amigo, un hermano, no, posta chabón, es el hermano de Martin”. Y mientras la gente gritaba “Ohhh Vamos tras la mú, traslamú, traslamú , vamos tras la mú”, Leandro respondía “De corazón, yo no lo puedo creer. Gracias a un montón de gente que está atrás de todo esto.” Arrancó (¡y con que potencia!) “Esa Maldita máquina de matar”, que tuvo un pequeño desperfecto con la viola del invitado, cosa que solucionaron cambiando las guitarras, para que pueda hacer el solo que nos hizo olvidar de esos problemas con los que toda banda tiene que lidiar.

Tras la mula agradeció y se fue sabiendo que el público la pasó bien, porque en todo momento se lo hicieron saber.

Tuvimos todos los condimentos en un solo show: formato eléctrico, formato acústico, grandes composiciones propias y excelentes versiones de clásicos del blues. Realmente no faltó nada. San Telmo se llenó de blues. El blues de una banda que apostó en grande... y le salió muy bien.


 
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